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domingo, 3 de agosto de 2014

Tan solo palabras

Dos meses.

Aquellas palabras dejaron helado mi corazón.

Dos meses. 

Seguía repitiendo aquellas palabras en mi cabeza, asombrada, preocupada, angustiada, con miedo. Aquél miedo que se fue esparciendo lentamente por cada rincón de mi cuerpo. Por dentro sentía que me estaba muriendo, por fuera demostraba una alegría inmensa por aquella noticia. No era falsa, más aquél dolor que atrapó a mi corazón en ese mismo momento era más fuerte que cualquier otro sentimiento.

Si hubiera estado en algún lugar seguro posiblemente me habría derrumbado. ¿Por qué?
Aquella pregunta resultaba tan absurda, tan banal, tan ilógica, carecía de sentido. Más en alguna parte de mi corazón algo se hizo añicos.

Entonces las vi, sonrientes, felices y yo también sonreí.

Debía controlarme antes de que mi imaginación escapará hacía lugares a los que no quería ir, debía ser consciente de las palabras que días atrás habían salido de mi boca. Debía, debía, debía. Mi corazón tan solo quería gritar.

El tema está fuera de discusión. Yo fui quien la aceptó así, con ella, con todo. No puedo borrar de su vida un pasado que no escribí, que decidió por su propia cuenta, del que es responsable. Más en mi cabeza sigue rondando aquella pregunta.

¿Y si fuera de ella?

No sé, ni quiero saber. Aquél anonimato que a ella tanto le hace feliz es mi pequeño salvavidas. Si ella no lo sabe, yo tampoco lo sabré. Ruego que se parezca a ella, más por mi bien que por el suyo, más por miedo que por sincera felicidad. Y es ahí cuando me doy cuenta del monstruo que soy. Tan envidiosa, tan orgullosa, tan celosa.

La amo. La amo tanto que el miedo a perderle crece con cada día que paso a su lado. No, no es el miedo a que decida elegir a alguien sobre mi, no. O tal vez tan solo una pequeña parte de mi corazón lo siente.
Se que no tengo nada que decir, que no tengo el derecho.
Más duele, cada palabra de cariño, cada sonrisa, los abrazos. Duele.



sábado, 2 de agosto de 2014

Deseos desde el corazón

Sincerarme con ella ha sido muy relajante. No esperaba sus reacciones ni sus palabras.
Se que en el fondo es una buena persona aunque intente a alejar a todos los que la rodean por aquél miedo que tiene guardado en su corazón. 

Ji, mi hermosa Ji. Si tan solo pudiera abrazarte un instante para demostrarte cuanto te aprecio. 

Si pudiera mostrarte a la chica que yo veo, a la que admiro tanto.
Debes ser fuerte, valiente. Deja que se acerquen a ti, no tengas miedo.
El dolor es solo una prueba más de que estás viva, y estar viva debería ser solo alegría.

Extenderé mi mano hacía ti aunque no estés dispuesta a tomarla,

acercaré a ti a mi amada aunque aquello signifique que mi corazón se llene de aquellos sentimientos tan extraños, aunque no entienda por completo el significado de lo que estoy haciendo.
Si es el sacrificio que tengo que hacer para verlas felices, lo haré. No importa. Tu ya tienes un pequeño pedazo de su corazón el cual no me pertenece ni me pertenecerá jamás. 

martes, 29 de julio de 2014

Indecisión

He logrado encariñarme tanto en tan poco tiempo de nuevo. No se si aquella petición sigue siendo la correcta, si lo mejor para nosotros, para el bebé es alejarnos de aquello que estamos construyendo lentamente con los que nos rodean.
Se de sobra que no soy la misma chica de hace un año, soy fuerte o al menos me esfuerzo por creerlo y hacer que los demás lo crean, pero no estoy segura de que mi corazón soporte esa clase de dolor una vez más.

¿Qué debo hacer?
No solo estaré alejandome yo, esa petición me parece un tanto egoista. ¿Para el bienestar del bebé? No sé, ¿Será? Realmente no dudo que el ambiente propicio para su desarrollo sea lejos de tanta violencia, de tanta inseguridad, de tantas cosas. Aveces siento que simplemente estoy sobreprotegiendo al pequeño que crece cada día, poco a poco, en mi vientre.

Tal vez, después de todo, permanecer aquí no sea tan malo.
Dejar que las personas que se han ido convirtiendo especiales le muestren su amor, su cariño.
Nosotras podemos amarlo igual en cualquier lado, pero sigo dudando. Mi corazón me advierte que hay algo que no está bien pero no se qué es. ¿Será esta decisión tan precipitada?



Amor es...

El sabor de sus labios.
La suavidad de su piel.
El olor que emana de su cuerpo, su dulce  y cautivador olor.
Su voz, tierna, sensual, provocadora.
La sensación tan electrizante que recorre cada rincón de mi cuerpo al sentir sus caricias.

domingo, 27 de julio de 2014

Primer visita


PRIMER VISITA AL GINECÓLOGO | 14.00 PM | SEÚL

Con largo y lento suspiro dejó escapar el poco aire que aún traía en los pulmones mientras caminaba a paso lento pero a buen ritmo por la ciudad en busca del ginecólogo que le habían recomendado en la Orientación de su instituto.
No estaba preocupada, más bien nerviosa. Nerviosa de saber si su pequeño estaba bien, de si crecería sano y salvo, de saber cuánto tiempo tenía exactamente de embarazo.

Llevó lentamente ambas manos hacía su vientre en el instante que tuvo que detenerse a causa de un semáforo. La sonrisa que adornaba su rostro era la muestra de su felicidad. ¿Qué más podía pedir? Tenía a su lado a la mujer más maravillosa que había conocido, una relación llena de altibajos, de obstáculos que de algún modo habían logrado pasar, y ahora se encontraba esperando a su primer hijo. Se sentía llena de dicha, de bendiciones, no tenía palabras para expresar la manera exacta en la que se sentía.

–Te amo. 

Aquellas palabras habían salido de la boca de Jiyoon, llenas de sinceridad, de alegría, de un sinfín de emociones juntas después de que le diera la gran noticia de una manera un poco inesperada. ¿Pero qué podía hacer? Así era ella, y la menor era plenamente consciente de ello, ¿No?

El sonido que produjo el cambio de luz en el semáforo la hizo regresar en sí, continuó caminando un par de cuadras más antes de llegar finalmente a su destino. Antes de abrir la puerta del consultorio, respiró profundamente y empujando con fuerza, entró.

El ambiente ahí le parecía bastante peculiar, dos parejas sentadas en la sala de espera fue lo primero que captaron sus ojos antes de dirigirse a la recepcionista que se encontraba al fondo, un niño de tal vez dos años, dormía sobre los brazos de su padre, o al menos eso suponía, mientras la mujer caminaba de aquí hacía allá haciendo ejercicios de respiración. ¿Estaría en su último mes? Bueno, no había forma de averiguarlo sin preguntarle y definitivamente no estaba dispuesta a hacerlo. Sonrió por cortesía a la mujer al notar que esta se había dado cuenta que la observaba, obteniendo una de regreso.
Una vez frente al escritorio color granito, se dirigió a la mujer castaña de edad media que se encontraba atrás del computador.

–Buenas tardes. Soy Heo Ga Yoon, tengo una cita con la Doctora Park. –Anunció amablemente mostrando una suave sonrisa al terminar.
–Buenas tardes. –Contestó la mujer revisando un par de cosas antes de continuar. –Si gusta pasar, la estaba esperando. –Señaló una puerta metálica a su derecha mostrando nuevamente aquella amable sonrisa. Después de realizar una corta venia como agradecimiento, se dirigió en la dirección indicada y después de tocar un par de veces para anunciar su llegada, abrió la puerta para pasar cerrando nuevamente tras de ella.

–Buenas tardes Doctora Park. –Saludó haciendo nuevamente aquella peculiar reverencia.
–Heo Ga Yoon, ¿Cierto? –Preguntó la doctora contestando aquél saludo de la misma manera. –Toma asiento. Primera vez, dice el expediente. ¿Cómo te has sentido? –Preguntó con total cortesía mientras se dirigía a una mesa un poco peculiar en la que tenía algunos utensilios básicos de medicina, un estetoscopio, martillo de reflejos, lámpara de revisión de oídos y bucal, y algunos otros que no logró identificar a simple vista.
–Bien, creo que todo está como debería. –Contestó conteniendo un pequeño suspiro. Trató de concentrarse más en lo que había en el escritorio que en el material que tomaba la doctora.
–Perfecto. –Contestó señalando una especie de camilla colocada junto al aparato de ultrasonido. –Me imagino que te avisaron que debías venir con el estómago lleno de líquido ¿Verdad? –Enarcó su ceja de una manera tan peculiar que poco falto para que soltara una pequeña risita.
–Sí. –Respondió poniéndose de pie. Una vez más, la doctora señaló la camilla haciendo hincapié en que se recostara.
Una vez acomodada en aquél lugar, descubrió su vientre para que pudieran colocarle una especie de gel que le pareció bastante frío al contacto con su piel provocando un leve quejido de su parte.
–Oh, deberías empezar a acostumbrarte. –Comentó la doctora al notar su reacción. –Verás, necesitamos la mayor cantidad de líquido en el vientre porqué eso nos ayudará a obtener una mejor imagen del bebé. ¿Puedes ver esta pequeña mancha? –Señaló con su índice una pequeña forma en la imagen que mostraba el ultrasonido en la pantalla. Asintió a pesar de que apenas era perceptible, pero su corazón pareció acelerarse en sobre medida. Lo sabía, todo su ser lo sabía, aquél pequeño ser tan diminuto era su bebé, su hermoso bebé.

–Te daré unas fotos de esta revisión. –Comenzó a hablar nuevamente la doctora mientras llevaba un pequeño paño blanco sobre su vientre para limpiar el residuo de gel que había quedado sobre su piel. –Debes tener aproximadamente dos semanas, te daré la próxima cita en seis semanas para que se cumplan los dos meses, si tienes algún síntoma extraño no dudes en llamar. –Se dirigió hacía su escritorio mientras ella se acomodaba nuevamente la ropa para poder acercarse con ella y tomar el papel que le entregaba. –No te daré dieta aún, eso sí, come todo lo que se te antoje, mientras no te sientas extraña estará bien. –Añadió con una sonrisa indicándole la puerta por la que había entrado apenas hacía un rato. –Oh, por cierto. El baño está saliendo a la izquierda. La puerta blanca enseguida de recepción. –Asintió amablemente mientras salía por la puerta cerrando nuevamente tras de sí.

¿Baño? ¿Para qué quería un baño? Justo después de formular aquellas preguntas, agradeció que se hubiera tomado la molestia de darle aquellas indicaciones. Ahora entendía la sonrisa que mostraba la mujer después de ver su cara de confusión.
–Vaya. –Masculló lavando sus manos. 

Al salir, se despidió de la chica en la recepción y salió por la puerta principal con un sobre en sus manos y una amplia sonrisa sobre su rostro.
–A JeonJi le gustará esto. –Su sonrisa se amplió y comenzó a caminar de nuevo hacía el instituto. Se moría de ganas de verla, de abrazarla, de mostrarle aquello que llevaba entre sus manos.